Soy un solitario hombre,
que vaga por las noches,
triste y mofado,
por los demás;
sin ventura alguna,
huyo del cruel manifiesto,
marcado a mi suerte;
buscando sosiego,
en aquel lóbrego
misterioso;
¡bajo un árbol
me encontraba!
disgustado;
soñoliento,
con vagas esperanzas,
de vivir.
que vaga por las noches,
triste y mofado,
por los demás;
sin ventura alguna,
huyo del cruel manifiesto,
marcado a mi suerte;
buscando sosiego,
en aquel lóbrego
misterioso;
¡bajo un árbol
me encontraba!
disgustado;
soñoliento,
con vagas esperanzas,
de vivir.
¡De repente!
una mano misteriosa
acariciaba mi cabellera;
y una voz suave y refinada,
tocaba mis oídos;
y me decía:
¡cobarde!
“porque te has dejado
vencer tan pronto”
y como arte de magia,
ya nada escuchaba luego;
ni siquiera el zumbar,
de la brisa,
o el lamento mío,
que siempre era frecuente;
es así, cuando
desesperado
corrí,
hacia mi pobre aposento.
Era verdad,
la nostalgia
de la desidia
me estaba
acosando;
consumiendo,
como un burdo
y grotesco desafío,
era difícil de aceptarlo,
¡pues! nada podía,
contra mí propia
voluntad;
¡sin embargo!
las voces de un fantasma,
perdido en su mundo,
gimoteaba
su desdicha;
abriendo la luz
de la esperanza.
Era una alma en pena;
que odiaba ver al hombre,
arrastrar su orgullo,
sin compasión
a la derriba,
era aquella alma que rindió,
tributo a esta vida ajena;
¡qué alma tan generosa!
apiadarse
de quien más necesita,
sin pedir a cambio, nada;
¡delirante ser a ti me consagro!
por ser tan esplendorosa
y bondadosa a la vez.
Por: Juan Jose Curicama Naula
"El por Siempre Ulises"
Odisea de un Amor Nefasto
Quito - Ecuador
.jpg)